Con manos temblorosas saqué mi teléfono y busqué la foto de Sara compartiendo nuestra cama con él, y la arrojé sobre la mesa frente a Carlos. —¿O me eliges porque la dejas dormir en nuestra habitación, en nuestra cama matrimonial?
Mi estallido de furia fue inesperado, y Carlos no lo entendió al instante. Me observó en silencio, con una mezcla de ira en los ojos. No habló hasta que mi respiración agitada se fue calmando poco a poco.
—¿Con un malentendido tan grande, por qué no viniste a buscarm