27. Una loba blanca
El rostro de Franchesca irradiaba felicidad en ese momento, volviéndola aún más hermosa bajo la luz de la luna, especialmente cuando su abuelo colocó la mano de Alexander sobre la suya, reconociendo su unión. Pero lo que realmente la hacía feliz era sentir la mirada intensa y penetrante de Alexander sobre ella.
No obstante, no todo era tan fácil como que el rey reconociera su unión, y ambos lo supieron cuando se acercó la reina con el chamán de los Deveroux, quien habló.
—Has demostrado ser dig