Lyra se inclinaba ligeramente sobre Ronan, concentrada, mientras limpiaba con cuidado el rastro de sangre seca que aún quedaba en su rostro. Sus movimientos eran delicados, como si cada toque curara hasta las heridas internas.
—Sabes que no voy a dejarte —murmuró finalmente.
Ronan no respondió de inmediato. Sus ojos grises permanecieron fijos en ella. Observándola, como si buscara en su rostro alguna grieta que confirmara lo contrario, Lyra continuó, sin apartar la mirada.
—Ya tengo tu marca