La mañana se había asentado sobre la mansión con una calma extraña, casi frágil, ya que después de la tormenta siempre llega la calma mientras la nieve cubría cada rincón del territorio, intacta, brillante bajo la luz pálida del invierno. Todo parecía en pausa. Dentro de la habitación, Lyra estaba de pie junto al ventanal, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el exterior.
No había ido al entrenamiento, ya que ese día se celebraría el Lunareth en solo cuestión de unas horas… y, aunque