La nieve se arremolinaba contra los ventanales, cubriendo el exterior en un blanco impenetrable. No había forma de salir y Lyra lo odiaba.
—Hoy no voy a poder entrenar —murmuró, cruzada de brazos en medio de la habitación, mirando a Ronan con evidente frustración.
El alfa, apoyado contra el marco de la puerta, la observaba en silencio. Su expresión era tranquila, pero sus ojos grises evaluaban cada gesto de ella.
—Tengo una solución a eso —respondió finalmente—. Vamos.
Lyra frunció el c