La oficina del alfa Haro estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo. Todos estaban tensos, Ronan los llamó a primera hora de la mañana mientras las ventanas altas dejaban entrar una luz grisácea, apagada por la tormenta que aún azotaba el exterior. La nieve golpeaba el cristal en ráfagas constantes, mientras el viento silbaba entre los muros de piedra de la mansión. Dentro, sin embargo, el frío no provenía del clima.
Provenía de la tensión, Ronan permanecía de pie detrás de su escri