El tiempo había dejado de existir para Ronan.
Un mes entero.
Treinta días y treinta noches en los que el mundo siguió girando fuera de esas cuatro paredes, pero él había permanecido anclado allí, en esa habitación, en esa cama, en ella.
La manada continuaba respirando, patrullando las fronteras y sobreviviendo, pero su alfa no estaba realmente con ellos. Solo su cuerpo ocupaba el espacio; su mente, su voluntad y su corazón permanecían junto a Lyra.
—Ronan, ha pasado un mes —dijo Aaron d