—No… —gruñó entre dientes.
Su mano grande subió hasta el cuello de ella, buscando el pulso con dedos que temblaban ligeramente. Ahí estaba. Débil. Irregular. Peligrosamente tenue.
Cedric se acercó cojeando, aún presionando la herida en su costado.
—¿Está…?
Ronan no levantó la mirada. Sus ojos grises permanecían clavados en el rostro pálido de Lyra.
—Viva —respondió, pero la palabra sonó hueca, como si ni él mismo se lo creyera del todo—Llama a Mael —ordenó entonces, la voz baja y tensa, al bord