—Lyra, vuelve dentro. Ahora —gruñó Ronan al verla. Su voz fue una súplica, pero debajo de ese tono dominante latía algo que rara vez permitía que otros vieran: miedo puro, crudo y visceral.
El aire seguía denso, saturado de esa magia oscura que vibraba como un eco venenoso tras el ataque. La tierra bajo sus pies permanecía resquebrajada, surcada por grietas irregulares, Cedric a unos metros, lograba incorporarse con dificultad, presionando una mano contra el costado donde la sangre seguía esc