—¿Y te estás adaptando? —preguntó Lyra, observando a Kilani con atención genuina. A pesar de la oscuridad que las rodeaba, la humanidad de Kilani era un ancla que Lyra necesitaba desesperadamente.
Kilani, que jugaba distraídamente con el borde de su copa, suspiró. Sus dedos, finos y pálidos, se movían con una ansiedad que intentaba ocultar.
—Estoy aprendiendo a caminar sobre huevos —respondió con una sonrisa torcida, carente de humor—. Aunque cada vez siento menos que estoy en mi casa y más