Sus manos recorrían su piel con posesión y ternura al mismo tiempo, sujetando sus caderas mientras la penetraba con un ritmo que la hacía gemir contra su boca, Lyra tenía las piernas rodeando su cintura, los dedos clavados en su espalda ancha, sintiendo cada músculo tenso bajo su toque.
El placer era intenso, casi abrumador. Ronan besaba su cuello, mordía suavemente su hombro, susurrándole al oído lo mucho que la amaba y necesitaba. Sus embestidas se volvían más profundas, deliberadas, arrancá