Las palabras de Enzo seguían zumbando en su mente, repitiéndose una y otra vez con una claridad cruel y despiadada.
“Era él… él era quien quería verla muerta.”
Lyra no se movió durante varios segundos. Permaneció allí, inmóvil como una estatua, con la mirada fija en algún punto inexistente del suelo de madera pulida. Su mente comenzaba a reconstruir recuerdos que, hasta ese momento, siempre habían tenido una explicación sencilla y dolorosa, pero manejable.
Ahora ya no.
Todo se desmorona