—Cuando me salvaste aquella noche… —comenzó, la voz baja pero firme.
Ronan frunció el ceño ligeramente, confundido.
—¿Qué?
—No sabías que yo era tu mate —continuó ella, sin apartar la mirada—. Pero yo sí te había reconocido desde el primer momento.
Él no respondió. Solo la observó con atención, esperando.
—¿Qué hacías allí exactamente? —preguntó finalmente Lyra, la voz temblando apenas en la última palabra.
El ceño de Ronan se marcó más profundamente.
—¿Por qué preguntas eso ahora