—No, Richard, mira mis ojos —sentenció Carolina con firmeza y él la miró—. No lo harás, no me dejarás, ni te sentirás culpable por amarme, no es justo, hemos luchado tanto por nuestro amor, y no nos rendiremos por el capricho de Fred, nadie puede contra nuestro amor, no lo entiendes, nacimos para estar juntos.
Ella acunó su rostro y lo besó, y él también la besó, sentir sus lágrimas, su dolor estrujaron su corazón
—Te amo, Carolina, no puedo dejarte, incluso si Fred… él tiene que entender, pero