—Tybalt… aún llevas tu pulserá de luna.
Tybalt levantó la vista con una leve sonrisa.
—Nunca la dejaría de utilizar, Aleckey. Es una promesa de leatad eterna, sin importar las circunstancias. —Un murmullo se extendió entre los guerreros y betas presentes. La tensión bajó como una ola, aunque nadie bajó la guardia. Aún quedaban muchas manadas por visitar. Muchas pruebas por superar, Tybalt se puso de pie, se acercó y le tendió la mano al antiguo rey. Aleckey la tomó con fuerza. —Tengo habitacion