—¿Zadkiel…? —susurró una vocecita temblorosa.
Zadkiel se incorporó enseguida. Reconocería esa voz incluso dormido.
—¿Marlon? —dijo en tono bajo, atento—. ¿Qué haces despierto, pequeño príncipe?
Oyó los pasos descalzos, vacilantes, el roce suave de una manta arrastrándose por el suelo. Sintió que el niño se acercaba con la respiración agitada.
—Tuve una pesadilla —murmuró Marlon—. ¿Puedo dormir contigo?
Zadkiel extendió la mano hacia el sonido de su voz, guiado por la calidez que irradiaba su pe