90. Ya no queda amor en mi, Audrey.
Las dos bestias corrieron hacia su destino, decididas a cumplir el deber encomendado.
Una fuerte brisa se dejó sentir en esa parte del bosque donde se encontraba un hombre llorando en esos momentos la muerte de su amada esposa y la de su hijo recién nacido.
La luna desde el cielo observaba todo, como siempre solitaria y triste, esperando por fin ver a todos sus hijos viviendo en paz.
La puerta de la pequeña cabaña se abrió de golpe dejando entrar al par lobos, estos tenían una misión que cumpli