83. Déjame traerte al mundo sin matarme.
El desprendimiento de algunas de las rocas hizo visible una pequeña cámara en el interior de la misma cámara que llamó la atención de Azabache, aventurándose, a su interior.
Por primera vez en mucho tiempo algo más que la rabia y el dolor inundó a la bestia, al sentir y percibir el olor a su luna y sentir por fin la conexión con ella.
«¡Audrey!»
Exclamó tanto Bleid en el interior de la bestia, como él mismo alfa quien corrió hacia esa parte del bosque oculta hasta ese momento para él.
No obstan