33. Voy a tener a nuestro hijo.
Definitivamente, Ravel estaba deseando que algo pasara y que le hiciera alejarse de ese hombre, sus ojos eran tan hermosos como si se tratara de dos lunas llenas, plateadas y llamativas, tanto que se acercó mucho más al hombre frente a él.
— No vuelvas a tocarme — exigió Vangelis acercándose peligrosamente al rostro de ese hombre — cuando descubra cómo exterminar al bestia de tu amigo, lo haré y luego terminaré contigo también, no eres más que escoria, estoy seguro de eso, aunque todavía no sep