27. SIN PODER IMPEDIRLO
KAELA:
Kaesar no dijo ni una palabra, simplemente profundizó el gesto con una dominancia que me hizo gruñir. Su boca se cerró sobre la mía con violencia contenida, demandante y salvaje, y en ningún momento me dio espacio para resistirme, aunque mi mente gritaba que debía hacerlo. En un movimiento brusco, me levantó del suelo como si fuera su presa, cargándome con una fuerza que me recordaba por qué debería temerle, mientras avanzaba con determinación depredadora hacia la habitación.
No me opu