18. CELOS Y SOSPECHAS
KAELA:
Aunque traté de reprimirme, los celos me consumían, ardían como un fuego vivo que se expandía sin control cada vez que recordaba las palabras que había escuchado en la cocina entre las sirvientas. Artemí. Según ellas, era quien estaba destinada a ocupar el lugar de Luna junto a Kaesar, un destino que me pertenecía y que desafiaba mi cordura. ¡Yo era su Luna!
Apreté los puños, sintiendo cómo mis garras se clavaban en la carne de mis palmas hasta que un leve rastro de sangre emergió. Él