El bullicio ya se había apagado en la pastelería. Martina estaba con Clara en el fondo, intentando calmarla mientras Mateo y Gonzalo se habían ido a regañadientes tras el altercado.
Paula, sin embargo, estaba en la trastienda, rebuscando en su botiquín de primeros auxilios con una furia muda. El culpable de su estado de ánimo estaba sentado en una silla, con el ceño fruncido y una ceja partida.
—No me mires así —dijo Paula sin mirarlo, sacando un algodón empapado en alcohol—. Te lo buscaste.
—No