Durante el trayecto, mantuvo la vista fija en la ventanilla, impidiendo mirar su reflejo. Se sintió ridícula. Hasta el taxista debía estar notando su estado.
—¿Se encuentra bien, señorita? —preguntó el hombre, mirándola por el retrovisor—. ¿Quiere que la lleve a urgencias?
Clara forzó una sonrisa, sacudiendo la cabeza.
—Estoy bien, muchas gracias… Solo fue un pequeño accidente de trabajo, nada importante.
Se recostó contra el asiento, cerrando los ojos un instante. Solo necesitaba llegar al loc