La música había terminado, pero la atmósfera seguía cargada de electricidad. La bachata nos había dejado pegados, con el calor de nuestros cuerpos mezclado y un hilo de deseo imposible de ignorar. Me acerqué a él sin pensar, y él no se apartó. Su mirada me atrapó, intensa, ruda y a la vez profunda, y no pude contenerme.
—Mm… —susurré, apenas audible—. No puedo… no quiero apartarme.
Él sonrió, apenas perceptible, y dio un paso hacia mí, acercándose aún más. La distancia desapareció en un segundo