Samuel no piensa. Solo actúa. Comienza a contosionarse hasta que logra safarse del agarre del guardia de policía que lo sujetaba del brazo.
El rugido que lanza mientras se lanza sobre Ethan es casi animal, lleno de rabia, miedo y desesperación. Ethan lo esquiva por apenas unos centímetros, retrocediendo, el corazón palpitando con fuerza bajo su camisa perfectamente planchada.
—¡Estás loco! —grita Ethan, con una mezcla de asco y lástima en la voz.
Samuel gira sobre sus talones, trastabillando, j