La habitación está envuelta en una tenue penumbra, iluminada solo por las lámparas de pared cuyas bombillas doradas derraman una luz suave sobre los muebles de madera oscura.
Lara se pasea frente al ventanal con una copa de vino en la mano, su vestido negro entallado resalta la curva de sus caderas y la firmeza de sus piernas.
Samuel la observa desde el sillón, relajado, pero con los ojos afilados. Está sentado con una pierna cruzada y un vaso de whisky en la mano, el hielo chocando suavement