ETHAN
Clara separó las piernas, bien dispuesta, y un estremecimiento de anticipación le recorrió el cuerpo al recostarse contra el mío.
El gemido que soltó bastó para arrimarme al límite del autocontrol. Le arqueé la espalda hacia delante, como si fuera la cuerda de un arco, y aparté mi mano del frío azulejo para introducirla entre sus muslos.
Estaba mojada, pero la humedad que le empapaba el sexo no tenía nada que ver con la ducha. Clara me deseaba tanto como yo a ella, y ahí estaba la prue