Narra Abel
El fuego de las antorchas en la guarida de Blood Moon chisporroteaba con un sonido inquietante, como si riera de mis pensamientos. Me senté en una de las piedras frías del refugio, observando cómo el humo ascendía en espirales.
No había paz dentro de mí.
Ni un instante.
Chloë.
Su rostro aún aparecía cada vez que cerraba los ojos. La había amado. La había perdido. Y ahora, lo peor de todo, ella se había convertido en algo más grande de lo que yo podía controlar.
—Una amenaza —murmuré,