—Deben detenerlo—repito.
Estaba tan asustada, nunca vi ese lado de Erik desde el día en que nos conocimos. Su rostro estaba tan torcido, producto de la ira que lo abrazaba. Sus ojos estaban rojos, llenos de sangre; era como si el mismísimo demonio poseyera su cuerpo. Es que ni a mí me pudo afectar tanto, ¿Cómo es que a él si? Fue algo tan pasmoso que ni siquiera puedo procesar todo esto.
—¿Qué cosas dices Chloë? No te estoy entendiendo.
—¿Qué acaso no escuchas lo que te estoy diciendo? Detén a