Una suave claridad bañaba las claras paredes de la habitación, y en la amplia cama y juguetón rayo de sol iluminaba dos cuerpos que estaban muy juntos sobre el colchón.
Steve Lonergan abrió los ojos con cuidado porque el rayo de sol pasaba por una breve hendidura entre las cortinas de la habitación pegándole directamente en los ojos. Sintió unas leves cosquillas en la barbilla y al bajar la vista pudo ver una hermosa mata de cabellos rubios pegados a su barba y a su cuello.
La cabeza de Bridget