Así mientras gemía, gritaba y suplicaba, sus manos torturaban también el enhiesto miembro masculino que parecía apunto de reventar, las venas se marcaban en toda su extensión, provocando que el hombre se arqueara de placer también aunque se contenía para proporcionar placer al cuerpo femenino, le importaba más ella que él mismo, quería hacerla gozar, disfrutar al máximo, pero todo tenía un límite, sentía que se hundía en el placer, pero no quería acabar en las manos de ella, por ahora al menos,