Lo peor del caso, y lo que más le preocupaba, era que ese día cuando iba a salir a trotar buscó entre sus ropas ese conjunto que casi nunca usaba, porque los hombres se volvían como locos diciéndole piropos, algunos de los bastantes subidos de tono. Por eso ella usaba siempre los pantalones deportivos de algodón un poco anchos y con unas franelas también de algodón, pero holgadas, de manera que sus hermosas líneas corporales y sus atributos no se notaban mucho.
Pero esta vez lo había buscado ad