Luego de pasado el asombro y de una charla amistosa e informativa de varios minutos cerraron la llamada. El señor Laffitte le había dicho a Steve Lonergan que él personalmente viajaría a Nueva York, para una exposición y subasta que habría en la ciudad el mes entrante. Que si él quería podrían subastar el huevo en ella, porque unos días antes tendrían una oportunidad de presentar el huevo en la exposición para invitar a los posibles compradores y por supuesto, para hacer la publicidad respectiv