CAPÍTULO 127
Una sola vez. Una sola opción
El viaje se le hizo más largo de lo debido.
Las manos de Grayson aferraban el volante con fuerza, sus nudillos palidecían contra el cuero negro mientras maniobraba a través del lento tráfico vespertino. El cielo se oscurecía en una neblina naranja-morada, el sol descendía como si también sintiera el miedo que le recorría el pecho.
Cada semáforo se sentía más pesado.
Cada sonido de motor a su alrededor se sentía distante.
Cada segundo que se acercaba a las 5 p. m. le apretaba el estómago.
No iba a esta reunión como un hombre que intentaba defender su cargo.
No iba a proteger su reputación.
Iba a proteger a su esposa.
Iba a protegerme a mí, Vivian, porque la idea de verla llorar, sufrir, dudar de él de nuevo, era suficiente para desgarrarlo por dentro.
El bar apareció a la vista, el mismo lugar tenuemente iluminado donde comenzó el caos.
El corazón le latía con fuerza contra las costillas como si quisiera escaparse. Aparcó en el mismo espacio