CAPÍTULO 106
Sin contacto, solo palabras
No sabía cuánto tiempo llevaba sentada en el suelo frío, con la espalda pegada a la pared húmeda y las rodillas apretadas contra el pecho. Parecían horas. Tal vez días. El tiempo había dejado de significar nada para mí. Respiraba entrecortadamente, superficial y temblorosa, como si mis pulmones no supieran si mantenerme viva o dejarme caer en la oscuridad que me engullía por dentro.
Me dolía todo: el pecho, la cabeza, los recuerdos. Sobre todo los recuerdos.
Pensé que el silencio me consolaría, pero solo resonó más fuerte que cualquier grito. Había elegido este lugar porque nadie me encontraría. No quería que me encontraran. No hoy. No en este estado. No cuando ya no me reconocía.
Pero entonces…
Un sonido rompió el silencio.
Al principio pensé que era el viento que azotaba los pasillos huecos del exterior. Pero luego volvió a sonar, más fuerte, desesperado, tembloroso.
¡Vivian!
Se me paró el corazón.
Grayson.
Su voz rasgó el aire como una cuch