Capítulo 31 — La Vigilia del Hospital
(POV de Liana)
El olor a desinfectante me golpeó en cuanto crucé la puerta de la habitación. Todo olía demasiado limpio, demasiado estéril… como si la vida misma se hubiese quedado afuera. Las máquinas emitían pitidos rítmicos, un sonido que debería haberme tranquilizado, pero solo lograba recordarme lo cerca que había estado de perderlo.
Mis piernas temblaban, pero me negué a sentarme. No podía hacerlo. Si me sentaba, tal vez no tendría fuerzas para volver a levantarme. Así que me quedé de pie, junto a su cama, con los dedos rozando su brazo vendado, temerosa de lastimarlo, pero más temerosa aún de soltarlo.
Adrian estaba despierto, aunque sus ojos, medio cerrados por el dolor, parecían debatirse entre la realidad y la inconsciencia. Su frente perlada de sudor, sus labios secos, su piel pálida. Y aun así, incluso destrozado, seguía pareciendo invencible. Tan fuerte. Tan él.
Quise decirle tantas cosas: cuánto lo había temido perder, cuánto lo habí