Capítulo 32 — “El Regreso a Casa”
(POV de Adrián)
El aire del hospital se sentía más frío que afuera. Tal vez era por el olor — ese aroma punzante, estéril, demasiado limpio para un mundo que acababa de arder.
Liana caminaba a mi lado, sus pasos lentos pero firmes. Aún llevaba el camisón azul pálido del hospital bajo su abrigo. Su cabello estaba despeinado, su rostro pálido por el cansancio. Pero estaba viva. Eso era lo único que importaba.
Mi chofer detuvo el coche frente a nosotros. El vehículo negro brillaba bajo la tenue luz gris de la mañana. Él bajó enseguida y abrió la puerta trasera con respeto. Quise ayudarla a subir, pero ella se adelantó, sin mirarme siquiera. Siempre era así: fuerte, obstinada, negándose a aceptar ayuda incluso cuando la necesitaba.
La seguí y subí al coche detrás de ella. La puerta se cerró suavemente, dejando atrás el murmullo del hospital. Por un momento, el mundo exterior desapareció. Solo se escuchaba el leve ronroneo del motor, el golpeteo de la lluv