CAPÍTULO 122
La última y dulce despedida
La luz de la mañana se coló en nuestra habitación a través de las cortinas, suave y silenciosa, pero la opresión en mi pecho seguía tan fuerte como la noche anterior. Desperté con los ojos hinchados, la almohada aún húmeda por las lágrimas que derramé mientras Grayson fingía que no pasaba nada.
Pero cuando abrí los ojos del todo…
No esperaba lo que vi.
Grayson estaba despierto.
Y me miraba fijamente.
No con la mirada cansada, nerviosa y distante que tenía ayer…
Sino con una ternura que no había visto en días.
Antes de que pudiera procesar nada, se acercó.
Su mano rozó mi mejilla, suave y lentamente, como si intentara borrar cada lágrima que había derramado.
"Buenos días, mi amor", susurró, con una voz cálida, dulce, casi temblorosa.
Mi corazón se encogió dolorosamente.
Este no era el Grayson de anoche. Este no era el hombre que le escribía "Está bien" a otra mujer.
Este no era el hombre que dejaba que el miedo destrozara el aire entre nosotros