CAPÍTULO 121
Lágrimas en la oscuridad
No podía quitarme la sensación de que algo andaba mal.
Grayson estaba sentado al borde de la cama, con los hombros rígidos y los dedos ligeramente temblorosos mientras sostenía el teléfono. Intentaba parecer normal, intentaba fingir que todo estaba bien, pero lo vi: el miedo en sus ojos.
Un miedo que no pertenecía al hombre seguro, firme y controlado con el que me casé.
Un miedo que me revolvía el estómago.
Y no sabía si ese miedo se debía a algo que estaba