CAPÍTULO 83
La sonrisa de una verdad desconocida
El viaje a casa fue silencioso, casi inquietantemente silencioso. Las luces de la ciudad se difuminaban tras las ventanillas del coche mientras la mente de Dominic aceleraba más que el motor. No percibía el zumbido de los neumáticos sobre el asfalto, el leve murmullo de la radio, ni siquiera las sirenas a lo lejos; todo lo demás se desvaneció, absorbido por un único pensamiento abrumador: Vivian estaba embarazada de cuatro meses.
Cuatro meses.
Las palabras aún resonaban en sus oídos, el tono tranquilo y pausado del médico grabado a fuego en su memoria. Lo había intuido incluso antes de la confirmación: algo había cambiado en su energía, en su forma de moverse estas últimas semanas; pero ahora era innegable. Concreto. Real. Y encendió en él una llama que no había sentido en meses, quizá años.
Mientras conducía, sus manos se aferraron al volante con más fuerza, los nudillos blancos de anticipación, de emoción, de algo más profundo que la