Capítulo Dieciocho: El extraño en la habitación blanca
(Punto de vista de Liana)
Un fuerte olor a desinfectante me golpeó la nariz antes de abrir los ojos. Todo a mi alrededor era blanco: el techo, las cortinas, las sábanas que me apretaban. Sentía la cabeza pesada, el cuerpo débil. Por un instante, ni siquiera recordé dónde estaba ni qué había pasado.
Entonces volvió a mí con fuerza: la lluvia, la carretera, mis lágrimas, los faros cegadores.
Abrí los ojos de golpe. Intenté incorporarme, pero un dolor profundo me atravesó el hombro. Gemí suavemente. Fue entonces cuando oí una voz tranquila.
"Tranquila", dijo la voz.
Giré ligeramente la cabeza. Un hombre estaba sentado junto a mi cama: alto, elegantemente vestido con un traje negro. Su postura era erguida, segura, y su rostro... no parecía el de alguien que encajara en una habitación de hospital. Su presencia llenaba el espacio: tranquila pero autoritaria, el tipo de hombre acostumbrado a ser obedecido.
“Estás despierto”, repitió, con