Ábrelo.
La mansión Hartley estaba siendo transformada por una de las empresas de decoración más reconocidas de la ciudad y, viendo el ritmo frenético con el que entraban y salían empleados, flores, centros de mesa, velas, telas y arreglos imposibles, Emma tuvo claro que aquello no se parecía en nada a la “reunión íntima” que Peter había prometido.
Margaret estaba al mando de cada detalle con la precisión elegante que siempre la había caracterizado y, aunque Emma sospechaba qu