Minutos más tarde, Damián iba camino al Aurum con las manos apretadas sobre el volante y una presión terca en el pecho que no sabía si llamar rabia o ansiedad.
La llamada de Harry le seguía sonando en la cabeza, mezclada con la voz temblorosa de Bianca de hacía un rato, cuando quiso que él saliera corriendo a “rescatarla” de una supuesta agresión.
Bianca siempre encontraba una forma de exagerar el mundo para que el mundo se acomodara a ella.