Sienna no podía dejar de mirar.
Y eso era un problema.
Uno enorme.
Porque, por mucho que intentara concentrarse en cualquier otra cosa, sus ojos parecían haber decidido traicionarla por completo y volver una y otra vez al torso desnudo de Mateo Ferguson, como si aquel hombre no acabara de vomitarle encima la noche, la dignidad y el equilibrio emocional con una confesión de amor que todavía le tenía el corazón haciendo