Emma Rivera ha llegado.
El auto se detuvo frente a la entrada del hotel donde se llevaría a cabo el desfile de apertura, y afuera todo era ruido, como si la ciudad estuviera esperando una señal para explotar.
Las vallas estaban llenas de aficionados, periodistas, cámaras y micrófonos, pero la energía cambió en cuanto el vehículo de Hartley Group se colocó frente a la alfombra.
Un movimiento casi coordinado, como si todos entendieran que esto iba a valer titulares.