Dos pájaros de un solo tiro.
Un hombre alto, vestido con un traje negro impecable, esperaba sentado en el despacho de Peter.
Tenía la espalda recta, las manos juntas sobre las piernas y una expresión tan neutra que a Emma le produjo una incomodidad difícil de explicar.
Mateo cerró la puerta detrás de ellos y dejó que Emma avanzara primero. Ella se sentó en una de las cómodas sillas frente al escritorio de su padre, mientras él permanecía de pie a su lado, con esa postura