Discúlpese.

Emma sintió de inmediato que no la habían hecho subir para “hablar”, sino para exhibirla.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Harry Donovan avanzó primero, con esa seguridad de dueño de mundo que no necesitaba levantar la voz.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Bianca estaba apoyada en el barandal con su sonrisa intacta, como si el bar completo fuera su escenario. Sus amigas se mantenían un par de pasos atrás, lo bastante cerca para aplaudir si hacía falta y lo bastante lejos para no mancharse si salía mal.‏‏‎
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