Mientras tanto, Nadia, que lo había visto todo desde la distancia, soltó lentamente el teléfono y volvió a entrar al bar. Se dirigió hacia el compartimento donde Luciano y sus amigos conversaban aún entre risas, sin saber nada del espectáculo que se acababa de desatar.
—¡Rowan tuvo un accidente! —exclamó.
Luciano frunció el ceño, poniéndose de pie al instante.
—¿Un accidente? ¿Dónde? ¿Está bien?
—¡Afuera! —respondió Nadia—. ¡Fue justo ahora!
Los muchachos también se levantaron con rapidez y sali