En cuanto a los agujeros en las hojas de las verduras, Juan pensaba que no importaban, ya que el calor mataría cualquier cosa.
Lorena estaba disfrutando la comida. En casa, siempre tenía a un nutricionista vigilándola y su madre la controlaba periódicamente.
No tenía muchas oportunidades de darse estos pequeños gustos, así que decidió aprovechar y no preocuparse.
Juan, mientras comía elegantemente, la miró y comentó con suavidad:
—Si te gusta tanto, podríamos abrir algunos restaurantes de parril