Lorena asintió.
—Él está de acuerdo, pero debes ser generoso con el pago. Está trabajando y estudiando a la vez.
—¡Claro que sí! ¿Acaso hay un jefe más generoso que yo? —respondió Juan con una sonrisa confiada.
Lorena, con una mezcla de incredulidad y diversión, apartó la mirada.
Juan continuó, convencido:
—Entonces, asunto resuelto. No te pediré más favores.
Lorena sonrió pero no respondió.
Javier, entendiendo perfectamente a Lorena, hizo una reserva para la cena, pero no en un restaurante romá